Un sendero solo de pena y silencio llegó
14 mar 2008
Mar adentro
Un sendero solo de pena y silencio llegó
1 ene 2008
Despertar de una noche de verano
Tú me miras con ternura y enciendes la vela. Mi miedo de terminar en un bote de madera incendiándose en pleno año nuevo por una aparentemente inofesiva vela se disipa cuando te acercas y me abrazas. Estamos echados, en silencio, protegidos con la manta y mirando el cielo muerto que espera la llegada de las doce para incendiarse con mil petardos y fuegos artificiales. Tomas el libro que has traído - muero de curiosidad por saber cuál es - y no dejas que vea la tapa. Con mi cabeza apoyada en tu pecho, me lees el final:
Negra, la Bruja Negra estuvo siempre detrás de mí.
Ahora también se me aparece por delante ¡negra!
Vuelve al revés el manto y la palabra ¡negra!
Me paga con dinero negro ¡negra!
Mientras los niños cantan y no cantan:
¿Está la Bruja Negra ahí? ¡Sí, sí, sí!
Nada mejor que un loco como nosotros para acompañarnos en este sueño, nada mejor que Grass para hacernos añorar un tambor de hojalata que nos una al mundo cada vez que lo toquemos. Es el libro que yo te regalé en ese cumpleaños en el que no quise verte, y fui la única persona que faltó a tu fiesta. Tus 33 años, la edad de Cristo, cuando más me esperabas y cuando más falté. Lo siento mucho, de verdad lo siento. No pude estar ahí contigo, y sé que todavía te duele esa ausencia en un momento tan importante. Días después me presenté en la publicación de tu libro, y al final de la reunión, cuando todos se acercaban para la firma de dedicatorias, me acerqué y te entregué el libro que ahora sostienes en tu mano y lees con tanto cariño. Me miraste, en los primeros segundos molesto, luego nostálgico, y luego resignado. A cambio, me diste un ejemplar de tu obra, con una dedicación escueta y feroz: "Para la que siempre está callada, para la que nunca dice nada...". Luego de eso, volvimos a perder contacto como siempre ha sido en todo este tiempo que nos conocemos. El vernos un día, y extrañar la próxima ocasión de un café por semanas y meses. ¿Qué es lo que teníamos? No lo sabremos, mi estimado, y las cosas no cambiarán, porque siempre estaremos en ese círculo vicioso de caminar juntos y minutos después prometer el no saber del otro jamás, pero por ahora hemos hecho un alto en nuestras vidas y estamos compartiendo esta lectura en el mar.
Miras tu reloj y rápidamente te pones de pie. Me ayudas y dices: "Ya van a ser las doce, y hay algo que tenemos que hacer" Me miras, un poco apenado, y entiendo qué es lo que quieres. Sonrío porque sé que tú no bailas bien, a pesar de que nunca te vi en una pista y creo que tú tampoco a mí. Sabía, por tus relatos en esas pocas tardes caminando por el centro de la ciudad, que te gusta ver y creo yo que esos afanes voyeuristas se extendían a campos más allá de las pistas de baile. Entre risas y espantos por tus experiencias, suponía que tenías dos pies izquierdos para cualquier danza, desde el bolero hasta la salsa, así que te prometí nunca bailar contigo para no dejarte minimizado ante cientos de concurrentes en las fiestas limeñas - no hay nada mejor que ser soberbia contigo y verte renegar por eso, recuerda que yo soy más inteligente - y veo que ahora en este sueño que trascurre y se va poniendo como el sol al finalizar la tarde, quieres bailar conmigo. Todo es posible en un episodio narcótico en el medio del mar bajo la oscuridad. Entonces de la pequeña radio, escucho una exquisita guitarra de bolero cincuentero, envolvente, inmejorable, que precede a las voces de tres diamantes que cantan el primer y último vals juntos:
31 dic 2007
Sueño de una noche de verano
"Y esta débil y humilde ficciónno tendrá sino la inconsistencia de un sueño;
amables espectadores, no nos reprendáis;
si nos perdonáis, nos enmendaremos"
William Shackespeare
"Voy por la vereda tropical
Me dejo envolver por ese compás, cierro los ojos y sonrío: he decidido pasar el Año Nuevo sola. Luego de pasar un año entero acompañada por el mundo, una noche a solas es más que conveniente. Por eso, dejo la copa en la alfombra, con el control remoto ordeno a la Toña a cantarme más alto y vuelvo a cerrar los ojos, esta vez no para pensar sino para dormir.
Estoy pues, entrando al mundo onírico, ya viendo a Toña que me canta en algún bar de los años gloriosos del bolero, todos vestidos de fiesta y fumando un habano, cuando se escucha un estridor en el salón del bar. Tardo segundos en deshacerme de tan melodioso sueño y darme cuenta que en realidad, están tocando el timbre de mi casa. Todavía con el humo de los habanos en mi retina, me levanto del mueble y pateo sin darme cuenta la copa. Abro y eres tú. Sí, tú. "Ponte tus sandalias, que descalza no te llevo a la playa" No has terminado de decir eso, y ya has entrado, levantado la copa en el piso que por suerte no se rompió, has apagado las luces del árbol de navidad, has tomado mis sandalias en tu mano derecha y las llaves de mi casa en la izquierda, suavemente me empujas hasta la puerta porque de la sorpresa de tu presencia casi no me puedo mover y ahí, bajo el marco, en la oscuridad total, me miras y como siempre, me das a entender la situación sin necesidad de palabras porque es sabido que las personas que se quieren pero no pueden estar juntas, desarrollan una forma de comunicación casi telepática que no necesita más para expresarse. Entonces, yo entiendo por qué estás ahora aquí. Las cosas en realidad, no han cambiado. Tú y yo no vamos a estar juntos, y menos ahora porque tú buscas rosas, pero yo soy orquídea, y ni tú vas a aceptar algo que no buscas ni yo me convertiré en algo que no soy, así que prácticamente seguimos dando vueltas. Pero hoy, es una excepción. Hoy será como un sueño. Nada más preciso, un sueño. Así como minutos antes Toña, la Negra, me cantaba vestida de fiesta, así será lo que suceda hoy al recibir un año más. Todo será posible y nada doldrá luego porque en los sueños, se viven cosas buenas y cosas malas, pero todo es un recuerdo luego de despertar, así que la mente vuela y se desenmascara. Habiéndote entendido entonces, salimos de mi casa.
Subo a tu auto después de mucho tiempo. Nada ha cambiado, tiene el mismo olor, y para mi beneficio, la misma música. "¿A dónde vamos?" pregunto, aunque la coincidencia de la vereda tropical que me sigue me lo revela:
"Es la brisa que viene del mar,
Te veo presuroso, ¿a dónde quieres llegar? Hay algo especial quizás, porque por más espontáneo que seas, piensas las cosas que de verdad quieres y elaboras genialidades, como ese cumpleaños en el que di por perdida la ocasión de bailar contigo en mi fiesta por tu estúpido trabajo que te había llevado a Montevideo. Me llamaste ese mismo día en la mañana de Uruguay, yo triste pero disimulando mi pesar de que estuvieras tan lejos, y me prometiste llamarme de nuevo cuando ya estuviera en la fiesta, mientras yo bailaba una canción para que pudiera bailar con el celular pretendiendo que eras tú. Te prometí que así lo iba a hacer, y por eso cuando luego en la noche me llamaste y preguntaste si estaba ya bailando y te dije que sí, me diijste que con el celular diera vuelta y ahí es que mi rostro chocó con el tuyo. Viniste de tan lejos, una gran sorpresa, algo irrepetible que me dejó boquiabierta y feliz toda la noche. Te agradecí con mil bailes y cien sonrisas el que estuvieras ahí, pero creo que nunca te dije - nunca te dije casi nada - que eso valió mucho. Y ahora, en qué has pensado para este Año Nuevo me pregunto yo. Tú te ríes porque sabes qué es lo que pienso y me dices: "Curiosa, ya llegamos". Efectivamente, sin darme cuenta hemos llegado a la playa. Bajas primero, me ayudas luego a mí y caminamos hacia la orilla. Ahí, sigiloso, nos espera un bote.
¿Alguna vez te preguntaste por qué nunca te besé? Probablemente muchas veces, pienso, aunque estoy segura que no encontraste la respuesta. No es sencillo, lo sé, y si te lo explicara no entenderías, así que te miro y así, mientras tú también me clavas tu pupila, creo que entiendes que no podía exponerte ni exponerme a materializar lo que para mi no era concreto todavía, y aunque suene corintelladista, un beso para mí hace un mundo y sella pactos, algo que todavía no se había acordado. Por eso nunca te besé, y no porque no lo hubiera querido hacer. Verás, soy muy calculadora y analizo todo, muchas veces de más, mucha razón y poco corazón. Te aseguro que eso me duele más a mí que ti - frase cliché pero cierta - pero ahora que ya lo has entendido un poco, tomo la mano que me brindaste para ayudarme a subir en el pequeño bote, y nos adentramos al vasto mar.
Nunca he estado en el mar rodeada de oscuridad. El bote avanza suavemente, y hay un silencio extraño: se escucha el bullicio de la playa, los acampantes, algunos cohetecillos, mujeres gritando ebrias de tanto ron, perros ladrando, pero en realidad, no se escucha nada. Es como si nosotros, encima de ese mar negro, estuviéramos separados del mundo, inmunizados de todo lo que pueda venir de tierra firme, y en nuestro pequeño espacio, con algunos murmullos y chapoteos del agua, hay un silencio total. Has remado por un buen tiempo y yo de tanto mirarte, no he caído en cuenta de las cosas que viajan con nosotros en este, nuestro sueño. A tientas puedo reconocerlas porque el cielo petróleo sin estrellas me impiden ver con claridad. Solo siento un libro, una vela, una manta, y un pequeño radio. Luego de eso, te detienes y dices: "Ya llegamos"...
8 dic 2007
Historia de un amor
Rubén Blades
También recuerdo las tantas tardes en las que entraba al cuarto de mi hermano, yo chiquitita y él en la universidad, y me ponía a verlo con detenimiento. Miraba sus paredes azul y blanco, los pósters de los potrillos, la banderola en la ventana, y de vez en cuando me aventuraba a abrir su clóset - Sandro, espero que no estés leyendo esto - con serios trucos que mi pequeñez había descubierto, y me quedaba observando los dibujos, las tarjetas y un papel pegado sobre los cajones que decía: Alianza Lima, cada día te quiero más. A veces llegaba Sandro y me decía: Chinchosa! Qué haces en mi cuarto? Ven, siéntate. Y sacaba su cancionero y me enseñaba a cantar: Sur sur sur su su barra es, vamos Alianza Lima corazón (lo estoy escuchando, incluso veo sus manos haciendo ademanes de fuerza) y luego el Eeoee oeee oee oee Alianza!! - hace tres partidos escuché esa canción por primera vez en la tribuna y mis ojos brillaron al acordarme de mi hermano - y pacientemente le explicaba a esa niña de 7 años lo que era querer una camiseta.
En el 2003, estando ya en el 2do ciclo de la universidad, fui al concierto de aniversario de radio Panamericana. Por motivos que quizás comente en algún post próximo sobre salsa y sabor, fui sola a ese concierto de 6 horas de buena música en el vértice del Museo de la Nación. Pero el momento más memorable, ese que jamás olvidaré, fue cuando el maestro Rubén Blades - razón por la que fui a la velada - hizo un alto en su presentación. Pidió un silencio, cundió un ambiente de magia y sentimiento y se puso la camiseta aliancista (para júbilo de casi toda la concurrencia y las pifias de unos cuantos). Yo lo miraba embelesada, mientras proyectaba un video en la pantalla de homenaje "a los muchachos de la gran Alianza Lima". Fue un momento memorable, seguido por la maravillosa "Todos vuelven", coreada por todo el público que terminó con un gran y merecido aplauso. Cuando terminó el concierto, el señor que estaba a mi lado y que se había dado cuenta que era aliancista me dijo: Ya ves niña, hasta los grandes son de Alianza Lima.
Ese día se jugaba la 4ta fecha del apertura, y Alianza era local frente a Cienciano del Cusco. Yo no tenía camiseta, así que Augusto me prestó la suya - edición del Centenario autografiada - y partimos en su carro rumbo al estadio. Las entradas lógicamente eran a occidente, así que llegamos al estacionamiento y entramos. Fue un instante mágico. Sé que los no aficionados al fútbol o algún equipo probablemente no entiendan las palabras que aquí escribo, pero no puedo dejar de expresarlas. Era una sensación embargante, era sentir los gritos de júbilo de mi hermano y ver en vivo y directo las imágenes emotivas del equipo más grande del Perú. Al cabo de unos minutos, todos en occidente empezaron a aplaudir y yo le pregunté a Augusto: qué pasa? y él me dijo: Está entrando el Comando Svr, mi amor, la mejor barra del Perú. Y vi cómo entraba ese mar de gente, en medio de la algarabía y los cánticos, el bombo y las trompetas y todo el estadio con las palmas: A-lian-za cam-peón!! y se iniciaba la fiesta en sur. Yo anonadada, le preguntaba a Augusto por qué no habíamos ido a la popular y él se reía y me decía que estaba loca, que era imposible pisar esa tribuna y que muy peligroso mi amor, mejor occidente porque aquí estamos más tranquilos. Sentí entonces la misma tristeza que sentía cuando mi hermano me decía que no podía llevarme a sur con él porque era muy chiquita (así hubiera tenido 50 años tampoco me iba a llevar), pero no pensé en eso y me dediqué a disfrutar mi primera visita al estadio. Aplaudí cada buena jugada, maldije a los árbitros - no hablo lisuras pero esa tarde fue el desquite - y escuché con alegría el No me arrepiento de haber venido hasta acá, el Cuando yo me muera quiero que mi cajón y muchas más. Fue una linda tarde, que hasta ese momento no había tenido goles. Casi 5 minutos antes de que acabe el partido la gente de occidente comenzó a salir. Yo no entendía por qué, y cuando Augusto me dijo que era hora de irnos porque ya estaba sentenciado el empate y había que salir antes con el carro para no encontrarse con la barra, yo dije Ah no!!, ni hablar!! Es mi primera vez en el estadio y no me muevo hasta que el árbitro haga sonar el pito. Con qué determinación lo habré dicho que con el rostro desencajado, a él no le quedó de otra que sentarse a esperar a que termine el partido. Y es ahí que en el minuto 94, hay un tiro libre a favor de Alianza Lima. Olcese ejecuta y Galindo la mete en el arco de Cienciano. Gooooooll!!!! Gooooolll!!!! Lo grité hasta quedarme sin aire! Gol de Alianza, mi primer gol en el estadio, mi primera alegría! Todos celebrábamos, yo saltaba y le decía a Augusto: Ya ves!! Valía la pena quedarse hasta el final! Ahí terminó el partido y yo salí saltando enfocada por las cámaras de CMD mientras la afición gritaba: Corazón Alianza Lima, corazón para ganar! Todavía guardo esa entrada de recuerdo en mi billetera, mi primera visita a Matute y el día en que me enamoré de sur. Han pasado muchos partidos desde esa primera vez, y he vivido muchas penas y alegrías junto al equipo. Ahora voy a sur, pero esa es otra historia. Solo puedo decir que todas las fechas estoy alentando, viviendo en cada partido ese amor por una camiseta, esa que mi hermano me enseñó a querer y que yo misma aprendí a respetar. He descubierto con el tiempo que la hinchada de Alianza Lima es todo lo que decía ese periodista que me conmovió con su artículo, y más. Solo un grupo humano que representa a la mayoría del Perú puede mostrar una fidelidad a una institución más allá de los triunfos y fracasos... Solo una hinchada como la nuestra puede seguir a su equipo a pesar de que no campeonara durante 18 años, y mantenerse intacta en sentimiento y devoción. Rubén Blades tiene razón: Alianza Lima representa triunfos y decepciones, eso que vemos todos los días los peruanos, esa tragedia y dolor vivida diariamente por muchos y ese camino hacia la gloria luego de muchos sufrimientos. Es el compendio del sentir del pueblo, y quizás por eso a pesar del tiempo se mantiene indemne.
El año pasado viví mi primer campeonato, luego de haber seguido al equipo durante cada fin de semana y lloré de emoción esa noche en sur cuando después de tantos años Alianza dio la vuelta en Matute. Eso señores, no tiene precio. Mi hermano Sandro, que desde hace 4 años rad
ica en Holanda, me mandó un correo luego del campeonato de su querido club, emocionado y con una foto adjunta que me hizo recordar esos tiempos en los que vivía en mi casa. Está él y sus dos compinches, amigos fieles de estadio y aliancistas de corazón. Ahora uno está en Estados Unidos, el otro todavía vive en el parque, pero los tres siguen teniendo el corazón pintado de blanco y azul. En julio viajé a Europa con mi familia de vacaciones, y llevé dos camisetas: la mía, porque prometí a un amigo tomarme una foto en cada ciudad del viejo continente como muestra de que la pasión por Alianza trasciende fronteras, y otra para mi hermano, que me pidió de forma especial a penas se enteró que viajábamos por allá e íbamos a pasar por Holanda a visitarlo. Lamentablemente, la maleta donde iba su regalo se perdió y mi hermano se quedó sin prenda. Quise dejarle la mía pero como era de esperarse, le quedaba pero solo a su brazo. Nos despedimos con la promesa de que le iba a mandar una cuando volviera a Lima. Ahora que escribo estas líneas, me acuerdo que no he cumplido con lo pactado. Pero hace unas semanas me escribió contándome que su novia está embarazada así que mi hermano, a sus 40 años, será papá muy pronto. Por eso, he pensado en comprarle una mini-camiseta de Alianza y se la voy a enviar por Navidad. Sé que le va a encantar, y le voy a poner en la tarjeta: "Para el pitufito más esperado de la familia y un pequeño hincha de Alianza Lima a futuro". Mi hermano sonreirá, se acordará cuando me enseñaba a cantar las canciones del equipo y me decía: Alianza Lima ha sacado su libreta electoral chinchosita! Somos campeones!
Te quiero mucho Sandro, a la distancia!
Arriba Alianza Lima hoy, mañana y siempre!!
Supayniyux
5 dic 2007
Luego puedes decirme adiós
Kiss me each morning for a million years
Sweeten my coffee with a morning kiss
If you must go, oh no, I won't grieve
Then if you must go Mmm, I won't tell you no
12 nov 2007
Para no olvidar
Llegó con dos maletas, una de libros y otra de ropa, luego de caminar desde el paradero lejano donde el bus la dejó. Médico joven - aire nuevo, frescura que envuelve - se instaló en el segundo piso de la posta y resuelta, inició el primer trabajo de su vida. Limpió, transformó y embelleció, no solo ese sitio donde el SERUM la conminaba por un año entero al servicio de los lugares distantes donde la salud era lo último en lo que se pensaba, sino todo Malvado, del cual hizo su transitorio hogar. No fue fácil, y sí que le costó porque convencida, Cecilia dice siempre lo que piensa, y casi nunca piensan como ella, por eso paciente e incansablemente tornó a ese pueblo remoto en un lugar agradable para vivir. Desde que llegó día y noche trabaja, cura, cose y sana, y eso la hace sonreír.
Pero hoy es domingo y hay feria en la plaza. Le encanta salir a caminar en ese calor abrasador, bajo ese sol tanático que detiene el tiempo como en esos pueblos del lejano oeste, donde solo falta que pase una bola de paja arrastrada por el viento para completar el cuadro. Todo Malvado es así el domingo, salvo la plaza, que se llena de mil colores, sabores y sobre todo, aromas. Cecilia adora las frutas, son su sueño, vigilia y adicción, por eso cuando camina despacio entre los puestos - donde se ofrecen mangos de un amarillo tajante, uvas verdes y negras, chirimoyas dulces y suaves y sandías abiertas de rojo pasión- bajo ese calor donde el olor a fruta fresca se eleva y endulza la mente, ella es feliz. Habla con una de las vendedoras, que le regala un durazno, el más grande y jugoso porque hace tres días Cecilia atendió el parto de su hija y es así como muestra su gratitud. Sin embargo, la doctora duda. Todas las frutas le encantan, pero el durazno fue en algún momento su gozo y ahora se ha vuelto su veneno y pasión vetada. Lo piensa un segundo, luego toma la fruta, agradece y se va.Está dando la primera mordida y entre ese sabor dulce que le moja los labios y esa textura suave que le toca la piel, siente que de un tiempo lejano a esta parte ha venido perdido, sin tocarle la puerta un recuerdo entrometido. Sabe que sentimentalmente para remediarlo, nada puede hacer y duele como si le clavaran una laza en el costado. Y entonces lo recuerda, después de tanto tiempo pero con la intensidad intacta. Sonríe, entre tanto se confunde con la gente. Ha visto un espacio bajo un árbol en el lugar más tranquilo de la plaza, se sienta en el pasto protegida por esa sombra fortuita y ha decidido cerrar lo ojos y entre ensueños, recordar, así que si la despierta el mediodía presumido, al menos estará un poco en las alturas. Y muerde el durazno otra vez.
Cecilia recordó cuando dormía bien acompañada, porque a menudo la acompañaba él. Después de conversar sobre la vida, la muerte, el lenguaje y el amor, ella pasaba horas en su cama como Venus en llamas a su lado, a veces harta de estar enamorada, sin su vestido pero con una flor. Cecilia tenía algunas fantasías, y otras fantasías tenía él, por eso a veces cuando estaban juntos ella le cambiaba las suyas por las de él y se hacían realidad entre los dos. Nada había como las noches y despertares a su lado, cuando abrían los ojos uno frente al otro como si en su breve mundo onírico también hubieran estado juntos, y si él tenía hambre ella
Cecilia ha abierto por un momento los ojos. La garúa paradójica que cae en Malvado ha interrumpido su memoria, pero decide ignorarla y los vuelve a cerrar. Entonces, de un tiempo no tan olvidado, ha venido un recuerdo mojado – ella quisiera que fuera de una tarde de lluvia y de su pelo enredado – pero es en realidad de la noche infausta cuando él, mientras le decía cosas al oído, mojó su cabello y con voz entrecortada le dijo que se iba de su lado. Viajaba al otro lado del mundo sin fecha de retorno por el trabajo, y se iba con el alma en siete pedazos, porque ella era su duda desnuda, su mina de seda y aunque al principio solo sabía que no sabía nada de su vida, presentó sus credenciales a su risa y se enamoró. Cecilia, en ese instante en el que escuchaba al único hombre que no la dejó jugar con fuego, decir que se iba, recordó que al inicio sabía que no se iba a quedar con él para siempre, pero que luego de tantas batallas y fracasos junto a él, de tanto amor que recibió y que sin darse cuenta entregó, se enamoró. Pensó en ese instante que esa historia de ambos se convertiría en el nido que el olvido habría de destruir, y sintió un dolor tan lacerante que lloró. Desconsolada, imaginó los días que le faltaban vivir a su lado, las mañanas que aguardaban en ese futuro que parecía tangible para despertarse con la mano de él en su cintura, llevarle los duraznos de primavera que tanto le gustaban y volver a sonreír. Sintió una pena atravesada en el pecho por todos esos días que dejaron en ese momento de ser mañana, y él le dijo que no debían contar el tiempo que les quedaba, ni contar el tiempo que se había ido, porque luego de esas luchas juntos sabían que vivir es un regalo y un presente, y ellos habían vivido felices. Entonces ambos se quedaron juntos, mitad despiertos, mitad dormidos, uno al lado del otro hablando sin hablar, y cerraron con paciencia la grieta que quedaba con los grandes momentos, alegría y dolor.
Ya casi en ese límite entre el sueño y la vigilia, donde todavía puede pensar en lo que quiere soñar, le da la última oportunidad a su mente de recordar porque luego no se lo permitirá, y entonces en esa última respiración narcótica de la memoria, antes de separarse del mundo de la realidad, Cecilia piensa en él y recuerda lo último que le cantó al oído: “Y si un día te encontrare una mañana,será posible, será dormido…será posible, será dormido”
5 nov 2007
El breve espacio en que no estás
después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego"
César Vallejo
Mientras estoy soñando con un paseo por campos de tulipanes en el lejano país en el que vive mi hermano mayor, me veo despertar luego de haber recibido un beso en la mejilla. Es mi papá, que llega de un viaje corto a Huaraz. Le pregunto qué hora es y me dice que las 6 de la mañana, qué frío hija, ya no las llamé para que me vengan a recoger porque me dio pena despertarlas tan temprano. Sale de mi cuarto y yo tras de él, para ir a preparar el desayuno con mi mamá que ya había sentido en la cocina. En ese momento, mi papá entra al cuarto de Adriano, que estaba extrañamente abierto porque a los 17 años que tiene y con el carácter de diablo indomable del que se ha dotado, jamás deja su puerta abierta por recelo a nuestra invasión de su mundo personal (llámese privacidad). Entra y ve su cama tendida, no está él. ¿Dónde está tu hermano hija? Mi cara de no sé papá, recién me levanto lo sorprende y siente subir a mi mamá por las escaleras diciéndole nerviosa que no sabe, que ayer salió y no ha llegado y lo ha
estado llamando y no constesta. Todos nos quedamos en silencio.A estas alturas, este relato parece una crónica de la mañana usual en una familia común y silvestre con un hijo varón joven. Desgraciadamente, siendo mi hermano el menor de tres hombres en esta casa, eso jamás ha sucedido. O al menos nunca sin previo aviso. Calmo a mi mamá y le digo que ya va a llegar, me voy a dormir un poco más y me tranquilizo yo misma.
Despierto. Son las 9am. Salgo y lo primero que pregunto es si ha llegado Chispín (así lo llamo desde niño, no le gusta pero yo lo adoro, mi hermano es mi vida) y me dicen que no. Entonces veo a mi madre y me asusto. Esa mujer es de hierro, una fuerza inagotable, casi igual a esos conejtos del comercial de Duracell que dale y dale y no se les acaba la batería. Nunca la había visto llorar, la mujer más centrada, la más inteligente, la mejor. Y ahora esa roca me miraba con los ojos llorosos y ahí me preocupé. Mi madre estaba al borde del colapso porque su hijo menor no llegaba y lo llamaban al celular y no contestaba. Mi papá, el hombre más perspicaz del mundo, la calmaba. Yo puse la cara de aquí no pasa nada mamá, tú sabes como es de bandolero tu hijo, es la muerte, seguro se ha quedado con sus amigos, pero por dentro me invadió el demonio del pánico, del miedo de perder a alguien a quien adoras y eso no me pasa casi nunca.
Yo amo a mi hermano. El me quiere en el fondo, lo sé - obvio que no lo demuestra- pero siempre me pido paciencia por la edad en la que está, por el carácter agresivo y soberbio que ha heredado, por las estúpidas rencillas que nacieron hace mucho tiempo gracias a las odiosas comparaciones (sí, esas que merman la relación de hermanos por culpa casi siempre de los padres), por la diferencia de nuestres personalidades, de motivaciones, de gustos y expresiones. Pero en realidad nada de eso importa, somos hermanos. El no entiende por qué le exijo tanto, porque lo martirizo, por qué es que quiero que sea todo lo bueno que puede ser. Pero sabe que lo quiero, y el muy sonso se aprovecha de eso cuando necesita algo y me trata con cariño. Así me quiere y así nos llevamos bien. Y ahora mi hermano no está y ya lo estoy extrañando!
Pasan los minutos y mi madre está a punto de entrar en crisis. No sabe qué hacer, no sabe a quién llamar, quiere salir a buscarlo a las calles (algo completamente imposible pero bueno, es la desesperación), me pide que revise su correo, dónde está tu hermano hija? El siempre avisa si se va a demorar, pero no conesta. Todos lo llamamos, envío mensajes pero nada. Ya mamá, tranquilízate!! Aquí no hay nada, si no contesta es porque se ha quedado dormido. No dijo ayer que se iba a ver a su chica? Sí hija, pero a cuál de ellas?? No sé mamá, creo que a Shana o algo así, tú sabes que tu hijo tiene cada vedette! De ahí no dijo que se iba a ver a su amigo padrino? Claro, eso dijo, pero igual no llega, dónde estará? No sé mamá, cálmate, ya va a llegar.
En realidad, yo sé qué atormenta a mi mamá. Mi familia, casi casi como una novela de Isabel Allende, tiene muchas historias y desenlaces trágicos, precedentes que hacen temblar cuando una situación similar se atisba y promete tener un final infeliz.
Hace 15 años, en uno de esos almuerzos familiares sabatinos en mi casa, recibimos la llamada de mi tía Carmen, viuda del hermano menor de mi papá. Juanito, por ahí no estará mi Carlitos? Ha salido el jueves y no regresa todavía, he llamado a todos sus amigos pero nadie sabe nada de él. No ha pasado a verte? No Carmencita, aquí estamos con Ida y Oscar almorzando pero no lo hemos visto. Tranquila, debe estar con los amigos tomando por ahí. Mi tía, una mujer muy nerviosa, pidió que si lo veían llamaran a su casa, y mi tío Oscar gritó que Carmen, no vas a ir a buscarlo a la morgue! tranquila mujer, tu hijo tiene 20 años, déjalo que se pierda de vez en cuando.
Domingo. Suena el teléfono y es la tía Carmen de nuevo, que si no saben todavía algo de mi Carlitos? No llega y ya he llamado a todos los que conocía y ya no sé qué hacer y hoy me voy a los hospitales a buscarlo. Mi mamá la acompañó por ser médico y amiga de los jefes de emergencia de los hospitales cercanos. Sé que ella vivió también la angustia, ese demonio de desesperación al que quieres matar por no saber qué es de esa persona a la que buscas. No encontraron nada en ningún sitio y yo vi a mi tía irse de mi casa cuando volvieron, esos ojos de angustia que nunca se borraron.Lunes. Ha sonado el teléfono y escucho un lloroso Juanito, solo falta buscarlo en la morgue pero no puedo, no soporto. Te pido que vayas tú con Osquítar, y veas si está ahí porque yo me moriría si lo veo, ya quiero morirme ahora de solo pensarlo. Viene mi tío Oscar y mi papá se va con su cuñado a ver si la noticia es tan infausta como se avisora. En la morgue solo hay un NN, hombre joven, atropellado, rasgos faciales imposibles de identificar por arrollamiento. Carmen, quiero que me digas si Carlitos tiene alguna marca, algún tatuaje, algo para saber que es él porque... porque no se le ve bien la cara. Tiene alguna cicatriz? Con voz temblorosa, ya llorando, le dice que sí, que de niño tuvo criptorquídea y lo operaron para descenderle un testículo. Mi papá entra, destapan el cuerpo, no hay cara, no hay piernas, pero felizmente sí cicatriz y se convence de que su sobrino murió. Triste noticia, trágico fin, hecho que caló en todos nosotros, incluso en mí, que a mis 7 años caminaba al lado de mi tía Carmen en el entierro y la veía llorar tanto y sufrir inconsolable que me dio pena y como yo no podía llorar, con saliva me mojé los ojitos y al menos, ella sonrió un poco.
Todo eso, lo recuerda mi mamá. Y claro, está aterrada, sin saber a dónde ir y yo ocultando mi terror para que ella no termine de desmoronarse. Ya mamá, deja de preocuparte. Pero en mi mente un y si a mi hermano le pasó algo? si tuvo un accidente? si le hicieron daño? Dios, tú eres grande, yo lo quiero, que llegue ya, te prometo que no le vamos a gritar, solo un jalón de mechas, y claro, uno que otro correazo por dejarnos al borde del infarto de miedo. Mi papá dice que se va a cortar el cabello a la peluquería, que lo acompañe y así nos calmamos todos. Cada uno con su celular en el bolsillo por si alguien llama, me voy con él a tres cuadras de la casa donde el peluquero, y mi mamá se queda esperando alguna noticia.
Las 11 de la mañana. Mientras veo como los ralos cabellos de mi padre caen al piso, yo leo una de esas revistas de mujeres tratando de distraerme. Mil ideas en la cabeza, ustedes entienden, ya llamará. Suena el celular de mi papá y un dime Mayi... mmm, ya, ya. No llores Mayi, no llores por favor (me siento morir en ese instante) Dónde? Ya ves, ya no te preocupes. Cuándo? Muy bien, ya vamos. Lo miro y el corazón saliéndose del pecho, le pregunto qué dijo y me dice tu hermano es un tonto, ya ves, solo me falta mi cartón para ser chamán, se fue a la casa de su amigo y se puso a tomar, se quedó dormido, con el celular en vibrador, y se despertó porque la muchacha abrió las cortinas y ellos dos casi se quedan ciegos con la luz del día, ya sabía yo, ya sabía! Vio las 54 llamadas perdidas y se dio cuenta que quizás estaban preocupados por él y decidió llamar para decir que estaba vivo, que ya venía. Todo me lo dice mi papá tranquilo y yo solo un ay Adriano, y agacho l
a cabeza, me tapo los ojos y me pongo a llorar. Lloro bajito, mucho, de cólera y alegría, y mi papá me ve por el espejo y no dice nada. Ya terminó de cortarse el cabello, y salimos rumbo a mi casa, me da un beso y me dice que si ahora entiendo lo que es preocuparse por alguien, cuando no llegamos, cuando rondan las ideas de si estaremos bien, y que ya seré madre y sabré. No es necesario ser madre, hoy supe lo que es angustiarse por un hijo.Es medio día ya y mi hermano hace su entrada triunfal a mi casa. Estamos cocinando porque hay una parrillada y hay que tener todo listo. Ya sin ánimos para darle un cocacho, mi papá le dice que se pasó, que está castigado por un mes y que jamás en su vida vuelva a desaparecer sin avisar. Mi mamá lo abraza y lo besa como al hijo pródigo, y yo le doy un lapo, mis ojos brillosos, pienso en que es un chusco y cuándo va a aprender, me dice que ya ya, no sea tan dramática como si no hubiera aparecido 5 días, que somos unos trágicos y que bueno, tiene sueño y se va a dormir. Y entonces molesta pero feliz recuerdo al maestro César Vallejo... "Oye, hermano, no tardes en salir. Bueno... Puede inquietarse mamá"
Supayniyux


